INTRODUCCIÓN. PROYECTO PERSONAL
La evolución humana ha progresado en parte gracias al avance tecnológico. Sin embargo, este progreso siempre ha sido visto como una oposición a la naturaleza y a los orígenes del hombre. Aun así la era que actualmente vivimos está totalmente vinculada al progreso digital y a la tecnología.
Algunos ejemplos como el ordenador, que comenzó siendo una herramienta para el almacenamiento de recursos, se ha convertido, en funciones de memoria y espacio virtual, en una entidad prácticamente imprescindible e insustituible en nuestra cultura actual.
La comunicación electrónica ha sustituido gran parte del transporte físico que perduraba durante siglos y era la única forma de intercambiar recursos. La era digital nos muestra la fusión del hombre con los logros tecnológicos.
Este perfeccionamiento de la máquina está llegando en muy poco tiempo a soluciones increíbles donde interviene ya la experimentación con extensiones tecnológicas en seres humanos. Convirtiéndose en sustitutos artificiales del cuerpo humano y desempeñando una función natural.
El tema de la fusión de la máquina con el humano ha ocupado desde siempre el interés de muchos autores de la ciencia-ficción. Por ejemplo Phillip K. Dick, autor de Blade Runner, que mostró el problema de la diferenciación entre el auténtico ser humano y la máquina reflexiva, creando la metáfora del androide para los seres que son psicológicamente humanos comportándose de una forma inhumana. De este modo, el autor trató literariamente la relación entre el hombre y la máquina, lo natural y lo artificial, planteando al lector la duda que les lleva a no saber exactamente dónde se encuentran, si en la realidad o en un sueño organizado y dirigido por otros entes que están por encima de ellos.
Otro ejemplo de hibrido en la literatura llevado al cine es Frankenstein, una criatura construida a partir de piezas mecánicas pero también de diversos fragmentos de distintos cuerpos humanos. El propósito es infundir vida a un cuerpo inerte. Mary Shelley crea un monstruo que va transformándose en ser humano a medida que adquiere el lenguaje además de sentimientos y sensaciones al relacionarse con el mundo que le rodea.
El tema de los híbridos, con componente humano y de máquina, representan las infinitas posibilidades de amalgama entre la naturaleza humana y la no humana. El cyborg, que pertenece a la última generación de escritores que juegan con la idea que en el futuro tendremos cada vez más partes artificiales en el cuerpo, trasplantes, que en parte gracias a los avances biomédicos, ya están al orden del día y nos anticipan la posibilidad de disponer también de partes digitales incorporadas al cuerpo en un futuro. Las visiones futuristas van muy rápidamente más allá de nuestra imaginación, nos dan a conocer cuerpos totalmente artificiales con el cerebro como única parte natural.
De ahí, que el ciborg, el cuerpo mejorado tecnológicamente, forma parte de diversas reflexiones y producciones artísticas que en sus diferentes realizaciones toman a esta figura como punto de partida para contribuir con su arte al discurso sobre los futuros cuerpos en épocas completamente dominadas por el desarrollo digital.
Las fantasías acerca de los cuerpos robóticos han cambiado a lo largo de la producción literaria de la ciencia-ficción ya que éstos han evolucionado hacia unos seres híbridos en los cuales los límites convencionales de lo natural y artificial se han borrado. De ahí que como receptores, lectores u observadores de las recientes formas de arte nos tenemos que enfrentar a nuevas preguntas como qué influencias juegan las nuevas tecnologías en nuestro cuerpo, o cómo han ido evolucionando las cosas en común y las diferencias entre el hombre y la máquina.
El gran dilema que se plantea con estos seres suele ser siempre el mismo. Si pueden llegar a sentir y notar las sensaciones propias del ser humano. Acciones cotidianas o necesidades propias del ser humano como son comer, dormir, conversar, relacionarse con los demás, pensar, reír, llorar, etc. Sin necesidad de programar la máquina para ello, simplemente crear seres humanos artificiales con las mismas capacidades que los humanos sin excepción.
La evolución humana ha progresado en parte gracias al avance tecnológico. Sin embargo, este progreso siempre ha sido visto como una oposición a la naturaleza y a los orígenes del hombre. Aun así la era que actualmente vivimos está totalmente vinculada al progreso digital y a la tecnología.
Algunos ejemplos como el ordenador, que comenzó siendo una herramienta para el almacenamiento de recursos, se ha convertido, en funciones de memoria y espacio virtual, en una entidad prácticamente imprescindible e insustituible en nuestra cultura actual.
La comunicación electrónica ha sustituido gran parte del transporte físico que perduraba durante siglos y era la única forma de intercambiar recursos. La era digital nos muestra la fusión del hombre con los logros tecnológicos.
Este perfeccionamiento de la máquina está llegando en muy poco tiempo a soluciones increíbles donde interviene ya la experimentación con extensiones tecnológicas en seres humanos. Convirtiéndose en sustitutos artificiales del cuerpo humano y desempeñando una función natural.
El tema de la fusión de la máquina con el humano ha ocupado desde siempre el interés de muchos autores de la ciencia-ficción. Por ejemplo Phillip K. Dick, autor de Blade Runner, que mostró el problema de la diferenciación entre el auténtico ser humano y la máquina reflexiva, creando la metáfora del androide para los seres que son psicológicamente humanos comportándose de una forma inhumana. De este modo, el autor trató literariamente la relación entre el hombre y la máquina, lo natural y lo artificial, planteando al lector la duda que les lleva a no saber exactamente dónde se encuentran, si en la realidad o en un sueño organizado y dirigido por otros entes que están por encima de ellos.
Otro ejemplo de hibrido en la literatura llevado al cine es Frankenstein, una criatura construida a partir de piezas mecánicas pero también de diversos fragmentos de distintos cuerpos humanos. El propósito es infundir vida a un cuerpo inerte. Mary Shelley crea un monstruo que va transformándose en ser humano a medida que adquiere el lenguaje además de sentimientos y sensaciones al relacionarse con el mundo que le rodea.
El tema de los híbridos, con componente humano y de máquina, representan las infinitas posibilidades de amalgama entre la naturaleza humana y la no humana. El cyborg, que pertenece a la última generación de escritores que juegan con la idea que en el futuro tendremos cada vez más partes artificiales en el cuerpo, trasplantes, que en parte gracias a los avances biomédicos, ya están al orden del día y nos anticipan la posibilidad de disponer también de partes digitales incorporadas al cuerpo en un futuro. Las visiones futuristas van muy rápidamente más allá de nuestra imaginación, nos dan a conocer cuerpos totalmente artificiales con el cerebro como única parte natural.
De ahí, que el ciborg, el cuerpo mejorado tecnológicamente, forma parte de diversas reflexiones y producciones artísticas que en sus diferentes realizaciones toman a esta figura como punto de partida para contribuir con su arte al discurso sobre los futuros cuerpos en épocas completamente dominadas por el desarrollo digital.
Las fantasías acerca de los cuerpos robóticos han cambiado a lo largo de la producción literaria de la ciencia-ficción ya que éstos han evolucionado hacia unos seres híbridos en los cuales los límites convencionales de lo natural y artificial se han borrado. De ahí que como receptores, lectores u observadores de las recientes formas de arte nos tenemos que enfrentar a nuevas preguntas como qué influencias juegan las nuevas tecnologías en nuestro cuerpo, o cómo han ido evolucionando las cosas en común y las diferencias entre el hombre y la máquina.
El gran dilema que se plantea con estos seres suele ser siempre el mismo. Si pueden llegar a sentir y notar las sensaciones propias del ser humano. Acciones cotidianas o necesidades propias del ser humano como son comer, dormir, conversar, relacionarse con los demás, pensar, reír, llorar, etc. Sin necesidad de programar la máquina para ello, simplemente crear seres humanos artificiales con las mismas capacidades que los humanos sin excepción.
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